Buena noticia: Científicos de la UNAM usan bacterias de ranas para combatir a Botrytis cinerea, un hongo que amenaza cultivos

Investigadores de la UNAM desarrollan una estrategia innovadora para combatir a Botrytis cinerea, uno de los hongos más dañinos para la agricultura a nivel mundial, mediante el uso de bacterias provenientes de anfibios como ranas y ajolotes.

Este hongo es responsable de la aparición del moho gris que comúnmente se observa en frutas como fresas, tomates y cítricos.

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Las bacterias no solo detienen el avance de Botrytis cinerea, sino que también estimulan el crecimiento de las plantas.

De acuerdo con Mario Roberto Serrano Ortega, investigador del Centro de Ciencias Genómicas (CCG), el patógeno afecta a más de 200 especies de plantas y genera importantes pérdidas económicas, especialmente en la etapa de poscosecha.

Tradicionalmente, su control se basa en la limpieza de cultivos y el uso de fungicidas químicos. Sin embargo, estas medidas han mostrado limitaciones y pueden implicar riesgos para el ambiente y la salud. Ante ello, el equipo de la UNAM explora alternativas biológicas más seguras.

La investigación se centra en la microbiota de anfibios, particularmente en bacterias presentes en la piel de ranas de Panamá, capaces de inhibir el crecimiento de hongos.

En colaboración con especialistas de Argentina, los científicos comprobaron en laboratorio que estas bacterias no solo detienen el avance de Botrytis cinerea, sino que también estimulan el crecimiento de las plantas.

Las pruebas iniciales se realizaron en Arabidopsis thaliana y posteriormente en cultivos de tomate, donde se observaron incrementos de hasta 20 por ciento en el desarrollo vegetal.

Aunque los resultados son prometedores, Serrano Ortega advierte que aún no pueden aplicarse en campo abierto. Será necesario realizar estudios de bioseguridad para garantizar que estas bacterias no representen riesgos.

El equipo también analiza microorganismos de ajolotes, que podrían ofrecer beneficios similares. Este enfoque, subraya el investigador, resalta la importancia de conservar la biodiversidad, no solo por su valor ecológico, sino por su potencial en soluciones científicas para la agricultura.

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