En un rincón del zoológico de Sídney, una colección de tanques con nitrógeno líquido guarda un tesoro invisible: billones de células de coral congeladas, recolectadas de la Gran Barrera de Coral australiana. Es el CryoDiversity Bank del Taronga Conservation Society, un "arca de Noé" científica que busca preservar uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta ante la crisis climática.

En un rincón del zoológico de Sídney, una colección de tanques con nitrógeno líquido guarda un tesoro invisible: billones de células de coral congeladas, recolectadas de la Gran Barrera de Coral australiana.

Es el CryoDiversity Bank del Taronga Conservation Society, un «arca de Noé» científica que busca preservar uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta ante la crisis climática.

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La Gran Barrera de Coral australiana enfrenta una presión creciente sin tiempo suficiente para recuperarse.

Cada año, desde 2011, los científicos intervienen durante el desove de los corales para recolectar esperma que luego es congelado a -196 °C.

“Es como presionar pausa en su reloj biológico”, explica Justine O’Brien, responsable de ciencia de conservación en Taronga.

Aunque los óvulos no pueden conservarse aún por sus características biológicas, los espermatozoides almacenados ya han demostrado ser viables: en 2023, se logró fecundar óvulos nuevos y generar larvas que fueron trasplantadas con éxito al arrecife.

Hasta ahora, el banco alberga células de 34 de las aproximadamente 400 especies de corales que forman la Gran Barrera.

Se priorizan aquellas esenciales para la estructura del arrecife, cuya cobertura se ha reducido a la mitad desde 1950. Los científicos advierten que un aumento global de temperatura de solo 1,5 °C podría acabar con hasta el 90% de los arrecifes del mundo.

El cambio climático ha provocado un evento global de blanqueamiento que afecta al 84% de los arrecifes.

El arrecife australiano, que sustenta biodiversidad marina y medios de vida humanos, enfrenta una presión creciente sin tiempo suficiente para recuperarse.

A pesar del panorama sombrío, iniciativas como la criopreservación abren una ventana de esperanza. “Los arrecifes son resilientes”, asegura Richard Leck de WWF-Australia, “pero esa ventana se está cerrando”.

 

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