Noruega ha dado un paso audaz en la lucha contra el cambio climático con un proyecto que podría convertirse en modelo mundial: perforar bajo el mar para almacenar dióxido de carbono (CO₂) de forma segura.
En Øygarden, una remota isla en el Mar del Norte, se ubica Northern Lights, el primer puerto del mundo especializado en la recepción y confinamiento de carbono capturado de diversas industrias.
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Noruega podría pasar a la historia por combatir el cambio climático desde las profundidades marinas.
Este esfuerzo responde a la urgente necesidad de reducir emisiones en sectores como el cemento y los fertilizantes, donde los métodos convencionales resultan insuficientes.
El CO₂ llega desde fábricas europeas, se transporta en barcos y se inyecta a más de 2 mil 400 metros bajo el lecho marino, protegido por una capa de esquisto de 120 metros.
La iniciativa, respaldada por el gobierno noruego y empresas como Shell, Equinor y TotalEnergies, aspira a enterrar hasta 5 millones de toneladas anuales de CO₂, lo que equivale al 10% de las emisiones totales de Noruega.
El proyecto cuenta con un 80% de financiación estatal para su primera fase, estimada en mil millones de dólares, aunque su expansión requerirá 714 millones más, además de un subsidio europeo de 150 millones.
Uno de los primeros emisores en sumarse fue la planta de cemento Heidelberg Materials en Brevik. Allí, gases calientes de hornos se enfrían, tratan con aminas para capturar el CO₂, y luego se comprimen hasta convertirlo en líquido antes de enviarlo a Øygarden. Esta planta busca retener unas 400 mil toneladas anuales.
El plan contempla un monitoreo continuo durante 25 años para garantizar seguridad y eficacia. Países como Japón y Corea del Sur ya negocian replicar el modelo en regiones geológicamente aptas, como Indonesia y Malasia.
Noruega, conocida por sus paisajes y recursos petroleros, ahora podría pasar a la historia por invertir su ingeniería en “perforar al revés” y combatir el cambio climático desde las profundidades marinas.
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