La musicoterapia podría convertirse en un recurso complementario para las personas que enfrentan adicciones. Un estudio piloto de Anglia Ruskin University, en Reino Unido, encontró que tocar instrumentos durante sesiones terapéuticas redujo el deseo inmediato de consumir alcohol y otras drogas y mostró cambios en la actividad cerebral relacionados con las emociones y la motivación.
La investigación incluyó a 16 adultos que recibían tratamiento por consumo de sustancias en un servicio comunitario de Londres.
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Quienes participaron en musicoterapia reportaron un menor deseo de consumir en ese momento.
Los participantes enfrentaban problemas relacionados con alcohol, heroína, cocaína y cannabis. Un grupo recibió seis sesiones semanales de musicoterapia junto con su tratamiento habitual, mientras el resto continuó únicamente con la atención convencional.
Durante las sesiones, los participantes tocaron guitarra, teclado y percusión, además de utilizar pads de batería y programas informáticos para crear música.
Los investigadores instalaron un espacio musical y un laboratorio de electroencefalografía dentro del propio centro de tratamiento. Después de las sesiones, quienes participaron en musicoterapia reportaron un menor deseo de consumir en ese momento.
Los registros cerebrales también mostraron una menor actividad beta frontal frente al grupo de comparación, un patrón que los investigadores relacionan con el deseo de consumo.
Además, el equipo identificó diferencias en un indicador cerebral vinculado con el procesamiento de emociones positivas y negativas.
Estos resultados sugieren que la música podría ayudar a las personas a manejar emociones como la ira y la frustración, factores que pueden dificultar la recuperación.
Jörg Fachner, profesor de Música, Salud y Cerebro en Anglia Ruskin University, señaló que la musicoterapia podría favorecer el procesamiento de emociones negativas y contribuir al control del deseo de consumir y a la motivación para modificar conductas.
Sin embargo, los investigadores advierten que el estudio presenta limitaciones importantes. La muestra de 16 personas resulta demasiado pequeña para obtener conclusiones definitivas.
Nuevas investigaciones, con más participantes y periodos de seguimiento más extensos, deberán determinar si la musicoterapia puede consolidarse como apoyo terapéutico para las adicciones.
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