El Acuario de Nueva Inglaterra, en Boston, ha inaugurado un asilo para pingüinos, un espacio especialmente diseñado para garantizar la comodidad y seguridad de sus ejemplares más viejos.

El Acuario de Nueva Inglaterra, en Boston, ha inaugurado un asilo para pingüinos, un espacio especialmente diseñado para garantizar la comodidad y seguridad de sus ejemplares más viejos.

Este refugio, único en su tipo, busca mejorar la calidad de vida de aves que, gracias al cuidado humano, viven mucho más tiempo que en libertad.

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El asilo para pingüinos, está ubicado en una pequeña isla rocosa cerca de la entrada del recinto

La idea nació cuando Lambert, un pingüino africano de 33 años, comenzó a perder la visión y a caminar con dificultad, lo que evidenció la necesidad de un entorno adaptado a sus limitaciones.

Lo que comenzó como una broma entre cuidadores —“¿Y si les damos una residencia de ancianos?”— terminó convirtiéndose en una iniciativa pionera.

“Al analizar sus datos de bienestar, comprendimos que habíamos descubierto algo importante”, explicó Eric Fox, curador adjunto de pingüinos del acuario.

El asilo, ubicado en una pequeña isla rocosa cerca de la entrada del recinto, está separado del resto de la colonia de 38 aves.

Su topografía más plana y los senderos alfombrados facilitan que los pingüinos mayores lleguen al agua y se desplacen sin esfuerzo. Una plataforma especial les permite salir del agua con mayor facilidad, evitando el estrés y las caídas.

Además, el equipo veterinario ofrece atención personalizada: suplementos, antiinflamatorios, gotas oftálmicas y revisiones frecuentes para tratar dolencias típicas de la edad avanzada.

Cámaras adicionales permiten vigilar cada detalle de su comportamiento y detectar cualquier cambio en su salud.

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Desde su traslado, Lambert ha mostrado mayor vitalidad y pasa más tiempo nadando junto a su pareja.

Para Mia Luzietti, entrenadora principal de pingüinos, el asilo representa una evolución necesaria: “Así como las personas mayores necesitan cuidados especiales, nuestros pingüinos también merecen una vejez cómoda y digna”.

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