A pesar de su reciente cambio de nombre a Estadio Banorte, el antes llamado Estadio Azteca no solo es un ícono deportivo, sino también el protagonista de una inquietante leyenda urbana que pocos conocen.
Según relatos que datan desde su construcción en 1962, se rumora que varios albañiles fueron enterrados vivos en los cimientos del estadio como parte de un supuesto ritual ancestral para dar fortaleza a la estructura.
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Desde marzo de este año, el Estadio Azteca paso a llamarse Estadio Banorte
La práctica, conocida como “emparedar”, tenía raíces en creencias antiguas donde se ofrecían vidas humanas —a veces incluso de niños— como tributo a fuerzas sobrenaturales, en especial al temido Charro Negro, una figura del folclore mexicano que representaba al diablo y exigía sacrificios para garantizar la durabilidad de grandes edificaciones.
La leyenda sostiene que si el arquitecto o ingeniero rechazaba el pacto con esta entidad, la construcción se derrumbaría por completo.
Aunque no hay evidencia oficial que respalde estos sucesos en el caso del Estadio Azteca, el mito persiste como parte del imaginario popular.
Hoy, el estadio se prepara para una ambiciosa remodelación en 2026, impulsada por el dueño de Banorte, Carlos Hank González y Grupo Ollamani.
El acuerdo incluye financiamiento, patrocinios y publicidad para transformar el recinto en uno de los más modernos del mundo, con mejor conectividad, sustentabilidad y tecnología de punta.
Mientras el estadio mira hacia el futuro, su pasado sigue envuelto en misterio con la leyenda, que aunque no esta documentada, permanece viva como parte de la historia de este emblemático recinto.
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